Las MM Carmelitas Descalzas de Alba de Tormes están haciendo un gran Museo Carmelitano que tendrá una gran superficie de exposición, aún cuando para verlo acabado falta un poco de tiempo y unas cuantas obras, pero estos últimos días han abierto al público una primera parte muy entrañable por cuanto está muy ligada a nuestra querida y amada Santa. Se entra por una puerta a la derecha del presbiterio dando acceso a una antesala pequeña, al camarín bajo y a la llamada escalera del Duque que nos eleva a otra pequeña antesala, al camrín alto y otras dos salas de exposición.

 

En el camarín alto podemos apreciar, tras dos puerta grandes y otras dos enrejadas, el sepulcro de Santa Teresa de Jesús.

                         El sepulcro de Santa Teresa, es el centro de la iglesia y de esta capilla camarín. El cuerpo de la Santa tras tener varias ubicaciones en la antigua capilla mayor, pasó con su urna de piedra alabastrina en 1677 al nuevo retablo de la nueva capilla mayor. Después de modificar el arco recubriendolo de mármoles, se porcede a cambiar la anteior urna por una nueva de mármol negro jaspeado, procedente de los Montes de Toledo, con sus adornos de bronce dorados, de oro molido y rematado por dos querubines de mármol blanco. Dentro de ella, en una caja de plata ricamente adornada de realce de la misma materia, forrada toda por dentro en terciopelo carmesí, hecha en Orleans, yace su cuerpo. El sepulcro se puede ver desde la iglesia tras una reja de plata y desde el camarín de una de hierro

                          Fue donada por los reyes Fernando VI y Dª Bárbara de Braganza, y es obra de Jacques Marquet      

Y en antesala y las dos salas del camarín alto, podemos ver los cobres y otras pinturas excelentes y entrañables.

                     En estas salas se expone lo mejor de la colección de pintura en cobre y piedra del monasterio, tanto por su variedad y número como por la excepcional calidad de algunas piezas, que por realizarse en superficies no porosas no absorbían los colores y lograban una pintura brillante y luminosa. También son más resistentes a la humedad, no se agrietan, lo cual unido al menor tamaño facilitaba el transporte, evitando deterioros y una mejor conservación. Al ser sus dimensiones reducidas, hacen que sean obras muy adecuadas para la oración y el recogimiento en los conventos de clausura.

 

Espero que os guste y apreciéis el conjunto y no la calidad de las fotografías pues fueron hechas en el transcurso de una visita guiada y los reflejos no dejan apreciar todo el valor de lo captado.

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